Inteligencia emocional

Estamos entrando en terreno escabroso y desconocido rumbo a Mordor. Estamos en época de berrinches.

Comenzó con algún llantito aislado y ahora estamos en nivel “me tiro al piso en la calle”, de hecho el domingo por la mañana Mateo intentó hacerlo en medio de la pista porque no quería cruzar agarrado de la mano de su mamá. Otra modalidad que ha encontrado mi hijo el genio es ir a su mesa de juegos, desde el lugar de la casa en que se encuentre, y tirar lo que haya encima. Si le sumamos gritos y zapateadas, obtenemos un suculento menú degustación. 


Uno de mis mayores encantos es la falta de paciencia -en serio, soy un talento en eso- por lo que el panorama no pintaba bien, sin embargo, desde que soy un Papá con Todo vengo desarrollando mi inteligencia emocional a niveles insospechados y descubrí que aplicar estas tres cosas me va dando resultados:

  1. Respirar y si ya le he llamado la atención durante el día o estoy cargado por alguna circunstancia externa, dar un paso al costado y dejar que su mamá se encargue en ese momento. Básico enseñarle sobre el autocontrol con el ejemplo. 
  2. No combatir el fuego con fuego. O sea, no gritarle y menos cuando es él quien está haciéndolo. Obviamente le hablo fuerte para llamar su atención y, una vez que la tengo, me agacho o lo cargo para estar a su altura y le hablo de la manera más calmada que pueda.
  3. Hacerlo reflexionar. Yo no creo en eso de que “los niños no entienden”, por eso suelo explicarle cosas, porque asumo que se le irán quedando. En el caso de las pataletas es igual, una vez que logré que se calme le explicó que lo que hizo está mal, que su actitud no es la correcta, que está haciendo que me moleste y que debe recoger lo que ha tirado o pararse del piso. No sé en qué medida el cerebro de los niños retengan esa información, pero por lo menos siento que  Mateo lo hace, porque una vez que he terminado de hablar se queda pensando un segundo y comienza a hacer lo que le he pedido. Es como si dijera “si pues, la fregué, voy a arreglarlo”. 


Los padres o madres con más experiencia me dirán que los problemas de esta etapa no son nada, que me espere a que entre al colegio o que hablamos cuando llegue la adolescencia; seguro, pero creo que así como hay que disfrutar cada etapa de su crecimiento, también debemos darle la atención necesaria a los temas de conducta en todas las edades, porque es un ejercicio que nos ayudará a encontrar alternativas de solución siempre. 

#PapaConTodo

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